Las aguas embotelladas son cualquier tipo de agua potable —bien sea agua de glacial, agua de manantial o mineral, agua de pozo, agua del grifo, agua purificada…— envasadas en plástico, vidrio u otro material, en diferentes tipos y cantidades, pensada para el consumo humano o uso alimentario generalmente. Podemos encontrar aguas embotelladas en muy diferentes cantidades y en muy distintos envases, desde botellas pequeñas para consumo individual hasta grandes garrafas para un consumo colectivo.

En el mercado existen distintos tipos de agua embotellada, ya que pueden tener muy distintas procedencias y características:
En la actualidad existen muchas y muy variadas marcas de agua embotellada que ofrecen a potenciales clientes aguas con diferentes purezas, características y procedencias. Sólo en los Estados Unidos un total de 34 mil millones de litros de agua se vendieron en el año 2008. 50 millones de botellas de agua son las que consumen en un solo año los estadounidenses, y a nivel mundial, un total de 200 millones de botellas. No en vano, el crecimiento del mercado de aguas embotelladas en general se sitúa en torno al 12% anual. Sin duda es un mercado en auge, un mercado en el que tener un proyección destacada, un notoriedad pública y una fama y prestigio reconocidos son indispensables para triunfar y lograr éxitos en las ventas.

Una tendencia reciente es la venta de aguas embotelladas de lujo. Ya son muchos los bares, restaurantes y cafeterías de todo el mundo que ofrecen a sus clientes cartas de agua, con por ejemplo botellines de agua de lluvia de Tasmania o agua proveniente de glaciares o acuíferos protegidos que por su alto valor ecológico en los que sólo es posible extraer una pequeña cantidad de agua anualmente y bajo estrictos controles. O por ejemplo agua capaz de revitalizar, refrescar, despejar y estimular como si de una bebida energética preparada se tratase, gracias a una concentración de oxígeno natural treinta veces mayor que en una agua normal. Los precios de estas aguas embotelladas de lujo, de purezas increíbles, procedencias totalmente exóticas y matices que pocos imaginarían, suelen ser prohibitivos para el gran público, ya la botella de una de estas aguas puede alcanzar, por ejemplo, los 70 euros. Con esta nueva y naciente cultura del agua, del agua de lujo, han surgido comercios y locales especializados en los que por ejemplo, se realizan distintas catas en las que se enseñan a apreciar los pequeños matices del líquido elemento.
En contraposición a las aguas embotelladas de lujo tenemos las aguas embotelladas del grifo, una tendencia que se está extendiendo en la actualidad y que además cuenta con muchos apoyos. ¿Por qué alguien pagaría por un agua que puede adquirir gratuitamente en una fuente pública? La respuesta resulta sencilla, por un lado la comodidad de llevar una botella con agua sin tener que buscar una fuente en la calle, la segunda su precio, inferior al resto de aguas embotelladas con otros orígenes y por último el ecológico, ya que embotellar agua de grifo es mucho más respetuoso con el medio ambiente. El agua de grifo antes de llegar a ser embotellada simplemente es sometida al proceso denominado osmosis inversa en el que es purificada.
Tanto en las aguas embotelladas de toda la vida, como en las aguas embotelladas de lujo, los detalles del envase están pensados hasta el más mínimo detalle. En ocasiones se trata de practicidad, en otras de diseño y exclusividad, pero en muchísimas ocasiones el coste del envase supera al del propio líquido que contiene. Desde una simple botella de plástico en el que el coste de producir el envase, el tapón y la etiqueta, superan al coste que supone extraer el agua que contiene, hasta una botella de vidrio diseñada por un reputado arquitecto en el que se incrustan cristales de Swarosky.